
Científicas de la UNLP crean un hidrogel capaz de regenerar huesos

Por: Gabriel Ríos Malan, especial para Capital 24
En los laboratorios de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se está gestando una innovación que combina ciencia aplicada, salud animal y economía circular. Las doctoras Adriana Lemos y Adriana Kang, investigadoras con más de una década de trayectoria en el desarrollo de biomateriales, encabezan un proyecto que propone una nueva forma de abordar la recuperación ósea.
Se trata de un hidrogel inyectable de base biológica que, además de representar un avance tecnológico, abre la puerta a la creación de un nuevo mercado a partir del conocimiento generado en la universidad pública.
El desarrollo apunta a resolver una problemática concreta, como son los rechazos y las limitaciones de los implantes tradicionales utilizados en fracturas y fisuras. La historia del proyecto tiene un punto de partida personal. La inspiración surgió a partir de la experiencia de la doctora en Ciencias Exactas, María Elena Canafoglia, quien sufrió el rechazo de un implante de titanio. Ese episodio impulsó la búsqueda de materiales más compatibles con el organismo y menos invasivos.
A partir de allí, el equipo comenzó a trabajar con hidroxiapatita, el componente mineral natural del hueso humano y animal. La particularidad del desarrollo radica en el origen de esa materia prima que se obtiene a partir de desechos de la industria cárnica, como huesos de animales descartados en carnicerías. “Obtenemos el fosfato de calcio de fuentes naturales, por ejemplo de desechos de la carnicería como pata de chancho u otros huesos. A eso le hacemos un tratamiento y obtenemos la hidroxiapatita de un tamaño nanométrico”, explica Kang. El proceso permite transformar un residuo sin valor en un insumo médico de alto valor agregado.
A diferencia de los tratamientos convencionales, que suelen ser invasivos o dependen exclusivamente de la capacidad natural del cuerpo para regenerar el tejido óseo en plazos prolongados, el hidrogel funciona como un andamio biológico. El material actúa como una matriz que induce a las células del propio organismo a formar hueso nuevo de manera acelerada. Según explican las investigadoras, esta estrategia permite acortar significativamente los tiempos de recuperación.
El método de aplicación también representa una ventaja. “Es un material compuesto, con una parte mineral y otra orgánica, que se introduce directamente en la fisura o la fractura”, detalla Lemos. Al tratarse de un material inyectable, la técnica reduce la necesidad de cirugías traumáticas y abre la posibilidad de tratamientos menos invasivos, especialmente en casos complejos.
La veterinaria, el primer campo de aplicación del desarrollo
El primer mercado identificado para esta tecnología es el sector veterinario. La decisión no fue casual, surgió a partir del diálogo con profesionales del área, quienes señalaron las dificultades que existen para lograr una correcta inmovilización en animales pequeños. En perros y gatos, por ejemplo, mantener quieta una extremidad fracturada durante varias semanas suele ser prácticamente imposible.
Kang recuerda que, en las primeras conversaciones, la recepción fue cautelosa, pero rápidamente dio paso al entusiasmo. “El veterinario nos decía que si podemos bajar el tiempo de soldadura de cuatro a dos semanas, ya es un montón. Y la idea nuestra es eso. Lo que tenemos es la posibilidad de que a los tres días ya se empiece a formar hueso”, señala. La reducción de los tiempos de recuperación no solo acelera la sanación, sino que también disminuye el riesgo de deformaciones y secuelas permanentes asociadas al movimiento prematuro del animal.
Más allá del desarrollo científico, el proyecto plantea el desafío de transformar una investigación académica en un emprendimiento productivo. Para Lemos y Kang, el pasaje del laboratorio a la industria implica un cambio profundo de lógica. Si bien su formación en ingeniería les otorga una mirada orientada a la producción, el mundo de los negocios exige nuevas herramientas y decisiones estratégicas.
“Es un desafío porque tenés que setear la cabeza desde otro lugar. Como investigadoras queremos contribuir al conocimiento, pero en este caso, llevado por la coyuntura que estamos viviendo en la universidad, cuesta porque hay que cambiar la mente. Esto ya no es solo la contribución al conocimiento, sino generar recurso económico”, admite Kang. En la actualidad, el equipo se encuentra en la etapa de elaboración del plan de negocios y en la búsqueda de inversión para avanzar hacia un primer prototipo funcional, que incluya el sistema completo de aplicación. A eso se suman los costos y tiempos asociados al patentamiento del desarrollo.
El hidrogel forma parte de una línea de trabajo más amplia vinculada a la sustentabilidad y al uso de materiales de origen biológico. En paralelo, las investigadoras desarrollan ecocueros a partir de descartes vegetales, como la remolacha, con el objetivo de reemplazar materiales derivados del petróleo por alternativas biodegradables. “Nuestra idea es buscar formas más naturales de obtener materiales para distintas aplicaciones y avanzar en el reemplazo de los derivados del petróleo”, explica Lemos.
Para que este tipo de iniciativas logre consolidarse, el vínculo entre la universidad y el sector productivo resulta clave. Las investigadoras reconocen que en la Facultad de Ingeniería existe una cultura de transferencia tecnológica, pero advierten que los tiempos del sistema científico y de la administración pública muchas veces no acompañan el ritmo que exige la industria. “La industria tiene tiempos más urgentes. El problema no es que no podamos dar respuesta, sino los recursos y la burocracia que manejamos. Es infernal el tiempo que demora un simple trámite y eso hace perder oportunidades”, sostiene Kang.
La Plata cuenta con una oportunidad concreta para consolidarse como un polo de desarrollo en biotecnología, un sector en el que Argentina posee reconocimiento internacional y recursos humanos altamente calificados. La articulación entre el conocimiento generado en la UNLP, la inversión privada y el apoyo del Estado aparece como una condición necesaria para transformar estos desarrollos en empleo, producción y soluciones concretas para la sociedad.



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