El árbol genealógico se volvió literal: mi hermana se adelantó a la moda Therian, autopercibiéndose Árbol

¿Sentirse animal? Por favor, eso es muy 2026. Mi hermana ya hacía fotosíntesis y odiaba a los perros que le acercaban mucho antes de que TikTok inventara las colitas de perro.
REGIÓN23/02/2026
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Por: Marcela De Francesco (texto y fotos), especial para Capital 24

 

Todo empezó, como en las tragedias modernas, con el scroll infinito. Mientras el resto del mundo aprendía a hacer pan de masa madre en el 2020, mi hermana descubrió que el wi-fi y el encierro son el caldo de cultivo ideal para la crisis de identidad definitiva.

 

Cuando todos piensan que los Therians, para los no iniciados en la autopercepción, son personas que se identifican con animales. En TikTok, esto se traduce en adolescentes saltando obstáculos en la plaza con máscaras de cartón. Pero mi hermana siempre fue de las que buscan la nota alta, siempre vanguardista en su vida y en sus pensamientos. 

 

Un día, mientras yo intentaba sobrevivir a una reunión de zoom, la vi parada en el medio living, inmóvil. Con los brazos extendidos.

 

- ¿Qué haces? - pregunté.

- Fotosíntesis - respondió ella sin parpadear. -Y por favor no me tapes la luz que me da clorosis. 

 

Mi hermana decidió que ser un lobo era “demasiado ruidoso” y ser un gato “muy mainstream”. Ella se autopercibió Árbol. Concretamente un sauce llorón (por el drama supongo). Si creés que explicarle a tu abuela qué es un algoritmo es difícil, intentá explicarle por qué su nieta prefiere que le regalen fertilizante en lugar de perfume. 

 

El momento cumbre fue cuando la encontré intentando dormir de pie en el balcón porque quería sentir el rocío matutino. Le advertí que, si se quedaba mucho tiempo, los pájaros iban a empezar a verla como de su propiedad inmobiliaria. 

 

Pero todo tiene un por qué más allá de la comedia, hay una forma en la que mi hermana habita el mundo que me obliga a bajar la velocidad. Su modo de vivir no es un delirio, es una forma de resistencia al ruido. Se queda en silencio, con los ojos cerrados extendiendo sus raíces firmes para no dejarse arrastrar por la urgencia se nadie. 

 

Me dice que los árboles no tienen metas, tienen ciclos. Ella acepta sus inviernos, esos momentos donde los problemas acechan y duelen, ella espera que la estación cambie. No se angustia por la falta de brotes; sabe que abajo, en lo oscuro, algo se está gestando. 

 

El algoritmo de TikTok, ese barman que te sigue sirviendo copas de lo que sea, empezó a llenarle el feed de música para plantas, y tutoriales de cómo enraizar en la alfombra. Pasó de las selfies con filtro de perrito a fotos de sus pies cubiertos de barro. El problema es que los árboles no lavan los platos, pues no tienen pulgares oponibles funcionales para el detergente.   

 

A veces la fotografío y siento que, si dejo la cámara en el trípode una hora entera, ella no se va a mover ni un milímetro. Es la única persona que conozco que entiende que ser refugio es más importante que ser protagonista.  

 

Al final del día entre la locura de los Therians, la política, el odio en las redes sociales o cuando el mundo se pone demasiado rápido, yo también cierro los ojos y trato de buscar mi propio centro de madera. Mi hermana no se volvió loca, simplemente encontró una forma de no romperse: decidió que su vida no es un camino hacia alguna parte, sino un lugar donde otros pueden venir a sentarse un rato a la sombra.    

 

 

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