GeoVin, la innovación platense que mapea vinchucas

La plataforma permite que la población reporte insectos y contribuye a la prevención de la enfermedad de Chagas en Argentina.
REGIÓN25/02/2026

2Por: Gabriel Ríos Malan, especial para Capital 24

En 2009, una estudiante de cuarto año de Biología en la Universidad Nacional de La Plata decidió acercarse a un laboratorio sin un objetivo claro, solo con la curiosidad que caracteriza a quienes sienten la necesidad de explorar lo desconocido.

 

Su nombre es Soledad Ceccarelli, doctora en Ciencias Naturales y licenciada en Biología. Fue entonces cuando conoció a Jorge Rabinovich, su futuro director de tesis, quien trabajaba con vinchucas y la enfermedad de Chagas.

 

“Siempre muy inquieta, dije ‘yo quiero’. Quería empezar a hacer algo”, recuerda Ceccarelli. Esa decisión aparentemente casual la llevó a especializarse en un insecto que, a primera vista, podría parecer insignificante, pero que tiene un impacto directo en la salud de miles de personas. “Las vinchucas me buscaron a mí, me topé con la temática”, afirma.

 

Durante su doctorado, Ceccarelli y su equipo comenzaron a recopilar información sobre la ubicación de las vinchucas, los insectos vectores que pueden transmitir Chagas. Sin embargo, el proceso era lento y costoso, ya que implicaba recorrer el país como lo hacían los naturalistas en el pasado.

 

La solución surgió al observar un proyecto del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (ILPLA) que había desarrollado una aplicación para monitorear mosquitos. La idea era adaptar esa tecnología a las vinchucas. “Uno de mis compañeros se puso a hablar con Joaquín Cochero que había desarrollado esa app y le pasó la idea de ver si podíamos hacer lo mismo para nuestras vinchucas”, relata Ceccarelli. Así nació GeoVin, lanzada al público en 2018.

 

El principio de GeoVin se basa en la ciencia participativa, un enfoque que permite que la comunidad aporte datos y conocimiento local, enriqueciendo la investigación. “A medida que nos fuimos haciendo conocidos o tratando de distribuir que conozcan la aplicación, empezó a salir de Buenos Aires.

 

Justamente Buenos Aires no es una provincia que tenga muchas vinchucas y necesitamos datos de todo el país para tener la distribución completa”, explica la investigadora. La participación ciudadana no solo aceleró la recolección de datos, sino que también permitió cubrir zonas donde los investigadores no podían llegar por limitaciones de financiamiento.

 

La aplicación es sencilla pero rigurosa: los usuarios toman fotos del insecto, dorsal y ventral, indican dónde lo encontraron y georreferenciar la ubicación.

 

“Nos llega a un panel de control, revisamos las fotos y clasificamos por provincia. Si es una vinchuca, automáticamente la gente de la provincia donde se encontró el bicho también lo ve”, explica la investigadora. Este sistema permite que las autoridades locales puedan actuar rápidamente, sin comprometer la privacidad de los participantes.

 

De la ciencia participativa a la vigilancia sanitaria

 

Con el tiempo, GeoVin pasó de ser una investigación ecológica a una herramienta de vigilancia sanitaria. “No solo recopilábamos información, sino también articulábamos con las personas de las provincias y las entidades de salud.

 

Van a ver esos domicilios que tienen bichos, hay que fumigar, hacer análisis a las personas y todo el procedimiento sanitario por protocolo que tiene el Ministerio de Salud”, señala la bióloga. Esto implicó un puente entre la ciencia académica y la respuesta sanitaria oficial, coordinando con los referentes provinciales de los programas de Chagas para intervenir cuando se encontraba un vector.

 

Desde el punto de vista biológico, el estudio de las vinchucas se centra en comprender su ecología: dónde viven, en qué clima se desarrollan y de qué se alimentan. “Es un insecto y queremos saber dónde vive, en qué clima, se alimenta de sangre, pero de quiénes se alimenta, porque lo hace del ser humano, pero también de otros animales”.

 

La científica detalla que las vinchucas no solo pican humanos, sino también otros mamíferos, como perros, gatos, caballos, cabras y chanchos, lo que convierte a estos insectos en un caso de ecoepidemiología, donde el parásito puede circular entre especies y humanos.

 

A lo largo de estos ocho años, GeoVin ha permitido detectar cómo ciertas especies se mantienen en sus áreas tradicionales, mientras que otras han cambiado su distribución debido a la expansión agrícola y al cambio climático.

 

 “Hubo tanta masividad de producción de cultivos que eso desplazó a la vinchuca y a otros insectos. Cada vez el vector está más abajo y no le afecta el frío, está en Chubut como límite sur”, comenta. Además, la aplicación ha permitido identificar ejemplares en lugares inesperados, como vinchucas transportadas pasivamente por personas o incluso adheridas a leña que viaja entre provincias.

 

El proyecto ha despertado interés internacional. Ceccarelli y su colega Gerardo Marti son co-coordinadores de la red global sobre triatominos (RedTri) y colaboran con científicos de Brasil y México, adaptando la herramienta a cada contexto local. Aunque GeoVin no es un sistema oficial del Estado, se ha convertido en un recurso valioso para planificar la vigilancia comunitaria y campañas de prevención en distintas provincias argentinas, como Río Negro y La Pampa.

 

Además de los desafíos logísticos y de coordinación con las provincias, el equipo trabaja en integrar inteligencia artificial para agilizar la clasificación de las imágenes. “Todavía tenemos un poco de recaudo porque estamos respondiendo a un tema sanitario, no a un simple reconocimiento de especies”, explica Ceccarelli. Los modelos de IA entrenados lograron identificar correctamente cerca del 90% de las fotos, diferenciando vinchucas de otros insectos o imágenes irrelevantes.

 

En términos sanitarios, la enfermedad de Chagas afecta solo al 30% de las personas infectadas, y su tratamiento es gratuito por ley en Argentina. “Es una infección que a la larga se puede controlar”, asegura la doctora. Parte de la misión de GeoVin es combatir los estigmas alrededor de la enfermedad, evitando la percepción de que todo paciente con Chagas está condenado.

 

Finalmente, Ceccarelli señala que, aunque la mayoría de las vinchucas se encuentran en América, algunas especies existen, aunque hasta ahora sin portar el parásito causante de Chagas, en África, Australia, India, China, país con el que están trabajando. Esto subraya la importancia de la vigilancia y de la ciencia abierta, ya que la información geográfica y epidemiológica recopilada por GeoVin es accesible para otros investigadores y para la comunidad, en línea con su filosofía de ciencia participativa y abierta.

 

Lo que comenzó como un interés universitario y una investigación ecológica se transformó en una herramienta tecnológica y sanitaria que combina biología, participación ciudadana y políticas de salud pública, proyectando su impacto más allá de las fronteras argentinas y mostrando cómo la curiosidad científica puede convertirse en un recurso de valor social y sanitario.

 

 

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