
Lo que quedó de la interna del PJ: todos adentro, pero con el poder ya repartido
Con esa interna, el PJ bonaerense selló acuerdos territoriales y comenzó a delinear el camino hacia 2027.
El peronismo bonaerense volvió a repetir una frase conocida: estamos todos adentro. Pero cuando uno baja al territorio y mira distrito por distrito, la realidad es otra.
Porque la interna del Partido Justicialista no fue en toda la provincia.
Se votó en apenas 16 municipios.
En el resto, hubo lista única. Y ahí aparece el primer dato político fuerte: no se compitió en toda la provincia; se compitió solamente en donde no hubo acuerdo.
En distritos como Ensenada, Avellaneda, Berisso o Florencio Varela, donde el peso de los intendentes es determinante, el esquema respondió al armado territorial vinculado al gobernador Axel Kicillof.
Ahí no hubo margen para sorpresas.
El territorio ordenó la política. En otros distritos, como Mar del Plata o Tres de Febrero, donde la estructura política tiene otra lógica, el espacio de La Cámpora logró imponerse.
En Mar del Plata, por ejemplo: La Cámpora; 3187 votos; el espacio vinculado a Kicillof; 2190 votos. Pero hay un dato que atraviesa toda la elección y que explica más que cualquier resultado: la participación.
En algunos distritos votó apenas entre el 17% y el 30% del padrón partidario.
En Mar del Plata, por ejemplo, votaron poco más de 5.300 afiliados sobre más de 31.000.
¿Qué lectura da esta situación? Lo que se dice en cualquier mesa de café en tono jocoso: “Estos no convocan ni a los parientes”.
Es decir: el peronismo votó, pero votó poco. Y en pocos lugares.
Entonces la pregunta cambia. Ya no es quién ganó. Es qué se decidió realmente.
Porque cuando uno mira el mapa completo, lo que aparece no es una disputa abierta de conducción. Es un reordenamiento.
Kicillof gana en cantidad de distritos.
La Cámpora retiene posiciones clave.
Y los intendentes… sostienen el territorio.
Nadie queda afuera.
Y eso no es casualidad.
Porque en política no hay casualidades.
Hay causalidades.
La discusión que se vio no es la discusión real.
Es la antesala.
Porque lo que está en juego no es esta interna. Es el armado del poder hacia 2027.
Por eso se muestran diferencias entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner.
Por eso algunos intendentes toman distancia.
Por eso se habla de tensiones.
Pero nadie rompe. Porque lo que se está construyendo no es una ruptura. Es un acuerdo. Un acuerdo que se da por etapas.
Primero el partido.
Después los territorios.
Después las listas.
Y ahí es donde aparece el punto más incómodo.
El peronismo fue históricamente un movimiento.
Un movimiento amplio.
Un movimiento que iba de la derecha a la izquierda.
Pero hoy muchos dirigentes se preguntan si ese movimiento no está siendo reducido. Si no está siendo contenido dentro de una estructura.
Donde una agrupación —como La Cámpora— conserva un rol central en la toma de decisiones.
La interna no definió un liderazgo.
Confirmó un equilibrio.
Un equilibrio donde el gobernador conserva volumen político y los intendentes sostienen el territorio; y La Cámpora mantiene la estructura de poder.
Y mientras tanto, el verdadero escenario ya está en marcha.
El de 2027.
Donde lo que hoy parece una discusión, en realidad es el primer paso de algo mucho más grande. El peronismo dice que están todos adentro. Pero la pregunta que queda flotando es otra: ¿Estamos frente a los nuevos mariscales de la derrota o, en realidad, son los mismos mariscales de la derrota que no se acuerdan de las banderas de Juan Domingo Perón y Eva Perón?
Redacción de Capital 24




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