La crisis del PAMI ya arrasa al sistema de salud: el cierre de clínicas anticipa un escenario cada vez más crítico

El cierre del Sanatorio del Parque, en Lomas de Zamora, dejó de ser un hecho aislado para convertirse en el símbolo más visible de una crisis que se expande sobre el sistema prestador argentino.
Actualidad29/06/2026

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Mientras clínicas y sanatorios denuncian atraso arancelario, mora en los pagos y un fuerte desfasaje entre costos e ingresos, comienza a deteriorarse la capacidad de atención para millones de jubilados.

Durante meses, los reclamos de clínicas, sanatorios, federaciones médicas y prestadores privados parecían circunscribirse a una discusión económica. Las advertencias sobre la falta de actualización de los aranceles, las demoras en los pagos y el incremento constante de los costos eran interpretadas como un conflicto más entre financiadores y prestadores.

 

Sin embargo, esa discusión quedó atrás.

 

La crisis comenzó a expresarse de la forma más preocupante: el cierre de establecimientos de salud.

 

El caso más reciente ocurrió en *Lomas de Zamora, donde el **Sanatorio del Parque (Clínica Privada Dos de Abril S.A.)* anunció el cierre temporal de sus puertas luego de finalizar su vínculo contractual con el PAMI. En el comunicado dirigido a la comunidad, la institución explicó que la decisión responde a la falta de pago de las prestaciones brindadas desde diciembre de 2025 y anunció el inicio de un proceso de reconversión orientado a la atención de otras obras sociales.

 

La imagen del cartel pegado en la puerta del establecimiento resume con crudeza una realidad que el sector viene advirtiendo desde hace tiempo: el sistema prestador comienza a quebrarse.

 

Pero el problema excede ampliamente a una clínica del conurbano bonaerense.

 

El cierre del Sanatorio del Parque no constituye un episodio aislado. En los últimos meses comenzaron a multiplicarse en distintas provincias los casos de clínicas y sanatorios privados que reducen prestaciones, suspenden servicios, rescinden convenios con el PAMI o directamente cierran sus puertas por la imposibilidad de sostener su funcionamiento. La situación se repite en diferentes regiones del país y refleja una problemática que dejó de ser local para transformarse en una crisis nacional.

 

En el interior argentino, numerosas instituciones atraviesan procesos de reconversión, reducción de camas, cierre de áreas de internación, suspensión de cirugías programadas y restricciones en la atención de afiliados. En muchos casos, los establecimientos continúan funcionando únicamente gracias a los ingresos provenientes de otras obras sociales o de pacientes particulares, mientras disminuyen progresivamente las prestaciones destinadas a los jubilados.

 

Lo que hace apenas algunos meses eran advertencias de las cámaras empresarias y de las entidades que representan al sector privado hoy comienza a materializarse en una pérdida concreta de capacidad sanitaria.

 

La preocupación no es menor.

 

El sistema privado constituye uno de los pilares fundamentales de la atención médica en la Argentina. Según el informe elaborado por las entidades del sector, el *51% de los establecimientos sanitarios del país pertenecen al ámbito privado, mientras que el **56% de las camas de internación* también dependen de ese subsector.

 

Esto significa que cualquier debilitamiento de la red privada repercute inmediatamente sobre la capacidad de respuesta del sistema sanitario en su conjunto.

 

El propio informe advierte que el sistema público no dispone de infraestructura suficiente para absorber una migración masiva de pacientes provenientes del sector privado. En otras palabras, si continúan cerrando clínicas y sanatorios, el problema dejará de ser exclusivamente empresarial para transformarse en una crisis asistencial.

 

La raíz del conflicto es eminentemente económica.

 

Las entidades prestadoras sostienen que los ingresos provenientes del PAMI dejaron de acompañar el crecimiento de los costos reales de la atención médica.

 

Mientras aumentan los salarios del personal sanitario, los medicamentos, los descartables, los insumos médicos, la tecnología, los servicios públicos y los gastos de funcionamiento, los valores reconocidos por las prestaciones permanecen muy por debajo de esa evolución.

 

El informe sectorial expone con claridad esa brecha.

 

La cápita actualmente reconocida ronda los *13.800 pesos, mientras que el atraso frente a la inflación acumulada alcanza aproximadamente el **125%* desde diciembre de 2023. Respecto de la evolución de los salarios del sector salud, el retraso llega al *84,4%*.

 

La consecuencia es inevitable.

 

Cada prestación realizada implica mayores dificultades financieras para las instituciones.

 

A ello se suman las denuncias por pagos demorados, importantes montos inmovilizados por débitos considerados injustificados y crecientes problemas de liquidez que comprometen el funcionamiento cotidiano de clínicas y sanatorios.

 

Las consecuencias comienzan a sentirse en toda la cadena sanitaria.

 

Se postergan inversiones.

 

Se dificulta la incorporación de tecnología.

 

Se reducen servicios.

 

Se suspenden prestaciones.

 

Se limita la compra de insumos.

 

Se compromete el sostenimiento de las guardias y de las internaciones.

 

Y finalmente aparecen los cierres.

 

Paradójicamente, el deterioro del sistema privado tampoco representa un ahorro para el Estado.

 

El informe sostiene que cada paciente derivado hacia el sistema público puede multiplicar entre cinco y seis veces el costo que originalmente asumía el PAMI mediante prestadores privados. Es decir, el supuesto ahorro por el atraso arancelario puede terminar generando un gasto significativamente mayor para el propio Estado.

 

La salud posee una característica que la diferencia de otras áreas de la administración pública.

 

No admite pausas.

 

Los jubilados continúan enfermándose.

 

Las guardias siguen funcionando las veinticuatro horas.

 

Las cirugías no pueden esperar a que se regularicen los pagos.

 

Las terapias intensivas deben permanecer abiertas todos los días.

 

Por eso, cuando el financiamiento desaparece, la prestación comienza lentamente a deteriorarse hasta llegar a situaciones extremas como las que hoy empiezan a observarse.

 

Durante meses las entidades prestadoras advirtieron que el atraso arancelario terminaría comprometiendo la continuidad del sistema.

 

Hoy esas advertencias ya tienen una imagen concreta.

 

Un cartel pegado en la puerta de una clínica de Lomas de Zamora anunciando su cierre.

 

La verdadera preocupación es que ese cartel no sea el último.

 

Porque cuando una clínica baja sus persianas no desaparece únicamente una empresa. Se pierden camas de internación, consultorios, quirófanos, servicios de diagnóstico, puestos de trabajo y capacidad de respuesta para miles de jubilados.

 

El cierre del Sanatorio del Parque debería interpretarse como una señal de alarma.

 

La crisis del PAMI ya no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del equilibrio fiscal o de la administración presupuestaria.

 

Hoy la discusión es mucho más profunda.

 

Se trata de preservar la sustentabilidad de una red sanitaria que sostiene buena parte de la atención médica de los adultos mayores argentinos.

 

Si el deterioro continúa y nuevas instituciones siguen el mismo camino, el impacto no recaerá solamente sobre las clínicas.

 

Lo sufrirán millones de jubilados que dependen diariamente del sistema para acceder a consultas, estudios, medicamentos, cirugías e internaciones.

 

Cuando las clínicas comienzan a cerrar, la crisis deja de ser financiera.

 

Se transforma, definitivamente, en una crisis sanitaria.

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