Los frigoríficos del Conurbano ya trabajan con pérdidas: alerta en el sector

La industria frigorífica orientada al mercado interno acumula cuatro meses en rojo. La caída de la faena, el aumento de los costos energéticos y laborales, la competencia por la hacienda y la informalidad ponen bajo presión a uno de los principales motores productivos del Conurbano bonaerense.
REGIÓN13/07/2026

NOTA 2

La recuperación macroeconómica que exhibe el Gobierno no termina de reflejarse en buena parte de la economía real. Uno de los casos más visibles aparece en la industria frigorífica del conurbano bonaerense, donde las plantas dedicadas al abastecimiento del mercado interno atraviesan una combinación que inquieta: menor actividad, costos que no dejan de subir y márgenes negativos que ya llevan cuatro meses consecutivos.

 

Los datos difundidos por la Cámara de Industrias Cárnicas (Cainca), que representa a frigoríficos radicados principalmente en el Gran Buenos Aires, muestran que el problema ya dejó de ser coyuntural. Aunque junio registró una mejora mensual del 7,6% en la cantidad de animales faenados respecto de mayo, el balance sigue siendo negativo cuando se amplía la mirada. En comparación con junio del año pasado, la actividad cayó un 4,4% y el primer semestre acumula una retracción cercana al 9%.

 

La caída del volumen tiene consecuencias directas sobre una actividad cuya estructura de costos es particularmente rígida. Cerca del 90% de los gastos de funcionamiento de una planta frigorífica son fijos. Cuando disminuye la cantidad de animales procesados, esos costos se distribuyen sobre un menor volumen de producción y la rentabilidad comienza a deteriorarse rápidamente.

 

Costos que suben y rentabilidad que desaparece

 

Los balances del sector reflejan esa realidad con claridad. Durante junio la pérdida promedio alcanzó los 22,74 pesos por kilo producido, luego de registrar resultados negativos de 70,03 pesos en marzo, 42,39 pesos en abril y 30,07 pesos en mayo. Son cuatro meses consecutivos operando por debajo del punto de equilibrio.

 

Paradójicamente, junio mostró algunos factores favorables. La recuperación parcial del valor de los subproductos y un leve aumento en la actividad permitieron reducir los costos operativos alrededor de un 2,7%. Sin embargo, el alivio resultó insuficiente frente al incremento de otros rubros que continúan presionando sobre la estructura de gastos.

 

Entre ellos aparecen dos protagonistas que atraviesan a gran parte de la industria argentina: la energía y los costos laborales indirectos. Según la entidad empresaria, las facturas eléctricas registraron incrementos superiores al 25%, mientras que las alícuotas de las ART aumentaron más del 75%, porcentajes que complican cualquier planificación financiera.

El problema no termina allí. La escasez de hacienda disponible generó una competencia cada vez más intensa entre frigoríficos para captar animales. Esa disputa obliga a muchas plantas a ofrecer servicios de faena por debajo de su costo real para no perder volumen de trabajo.

 

Los cálculos internos del sector ilustran el desfasaje. Procesar un kilo gancho demanda un costo operativo superior a los 425 pesos. La comercialización de subproductos permite recuperar aproximadamente 340 pesos por kilo, por lo que el servicio de faena debería cobrarse alrededor de 85 pesos para cubrir los gastos. Sin embargo, la competencia impide trasladar ese valor al mercado y las pérdidas terminan absorbiéndose dentro de las propias empresas.

 

Mientras tanto, el resto de la cadena muestra una realidad diferente. La cría continúa registrando buenos márgenes, la recría mantiene rentabilidad positiva y los feedlots lograron recomponer resultados después de meses difíciles. El cuello de botella aparece justamente en la etapa industrial, donde convergen los mayores costos fijos y la presión competitiva.

 

Desde el sector también vuelven a instalar dos reclamos históricos: combatir la informalidad en el comercio de carnes y avanzar hacia una mayor trazabilidad sanitaria, comercial e impositiva. Sostienen que competir contra operadores informales agrava un escenario ya condicionado por la presión tributaria y el aumento de los costos de producción.

 

La paradoja resume buena parte del momento económico argentino. El país recuperó presencia exportadora y varios segmentos de la cadena ganadera vuelven a mostrar números positivos. Sin embargo, la industria encargada de transformar esa producción en alimentos para el mercado interno sigue acumulando pérdidas. Cuando el único eslabón que agrega valor trabaja en rojo, el problema deja de ser exclusivamente sectorial. Empieza a transformarse en una señal de alerta para toda la economía productiva del Conurbano.

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