
Monte quedó con menos colectivos y más preguntas: la gestión Castro avaló un recorte que golpea a miles de vecinos
En política, muchas veces la forma de comunicar una decisión es tan importante como la decisión misma. En San Miguel del Monte ocurrió exactamente lo contrario: el Gobierno municipal intentó presentar como un avance una medida que, para miles de vecinos, representa un claro retroceso.
Después de días de reclamos, reuniones y movilizaciones, el Municipio confirmó que la Línea 88 pasará de siete a apenas tres frecuencias diarias entre Monte y Cañuelas. Es decir, cuatro servicios fueron eliminados y la respuesta oficial fue dar por cerrado el conflicto.
Lejos de resolver el problema del transporte, la gestión del intendente *José Castro* quedó en el centro de las críticas por aceptar un esquema que reduce la conectividad de toda una región y afecta directamente la vida cotidiana de cientos de familias.
De la expectativa a la decepción
La movilización de vecinos había generado expectativas. Trabajadores, estudiantes, docentes, pacientes y comerciantes esperaban que las conversaciones entre el Municipio y la empresa Expreso Liniers derivaran en la recuperación de los servicios eliminados.
Sin embargo, el resultado fue exactamente el inverso.
El acuerdo anunciado dejó vigente menos de la mitad de las frecuencias que existían hasta hace pocos días y, además, no contempla horarios suficientes para cubrir la demanda diaria ni ofrece precisiones sobre los fines de semana.
La sensación entre los usuarios fue inmediata: el Municipio terminó convalidando la decisión empresarial en lugar de defender el interés de los vecinos.
Gobernar también es defender servicios esenciales
El transporte público no es un beneficio ni un privilegio. Es un servicio esencial que permite ejercer derechos básicos como trabajar, estudiar o acceder a la salud.
Por eso, el conflicto de la Línea 88 trasciende la discusión sobre los horarios de un colectivo.
Cada frecuencia eliminada significa estudiantes que deberán reorganizar sus cursadas, trabajadores que perderán tiempo o incluso oportunidades laborales, pacientes que tendrán mayores dificultades para llegar a hospitales y familias que quedarán prácticamente aisladas.
La situación resulta aún más grave porque Monte ya arrastra una fuerte reducción del servicio ferroviario, que hoy funciona con apenas dos frecuencias diarias y con reiteradas cancelaciones.
La combinación de ambas decisiones deja al distrito con una conectividad cada vez más limitada.
Una gestión que llegó tarde
Los vecinos también cuestionan la falta de previsión del Ejecutivo municipal.
Durante el último año se presentaron notas con cientos de firmas reclamando más servicios. El Concejo Deliberante aprobó resoluciones solicitando gestiones ante la empresa. Hubo reuniones, pedidos formales y advertencias sobre el deterioro del sistema.
Nada de eso logró evitar el desenlace.
La crisis escaló hasta convertirse en una protesta pública y, recién entonces, el Municipio intervino. Pero el resultado de esa intervención terminó siendo un acuerdo que oficializó el recorte.
Más llamativo aún fue que los representantes de los usuarios que habían participado de las reuniones no fueron informados previamente sobre la decisión. Se enteraron, como el resto de la comunidad, por las redes sociales oficiales.
Cuando el Estado resigna su capacidad de gestión
El conflicto deja una pregunta incómoda para la administración municipal: ¿qué margen de negociación tuvo realmente el Gobierno frente a la empresa?
Porque si después de las reuniones, las protestas y las promesas el único resultado fue aceptar una reducción del servicio, resulta inevitable que aparezcan cuestionamientos sobre la capacidad del Municipio para defender un derecho básico de sus vecinos.
La discusión ya dejó de ser exclusivamente con Expreso Liniers.
Hoy buena parte del reclamo también apunta al Ejecutivo local, al que muchos vecinos le reprochan haber asumido un rol más cercano al de comunicar una decisión empresarial que al de representar los intereses de la comunidad.
Un conflicto abierto
Lejos de desactivarse, el conflicto parece ingresar en una nueva etapa.
Los usuarios ya convocaron nuevas movilizaciones, continúan reuniendo firmas y exigen la restitución inmediata de las frecuencias eliminadas o la incorporación de una nueva línea que garantice la conexión entre Monte, Abbott y Cañuelas.
La crisis de la Línea 88 terminó convirtiéndose en mucho más que un problema de transporte.
Es un caso que pone en discusión el papel del Estado municipal frente a los servicios públicos, la capacidad de gestión ante empresas concesionarias y la prioridad que ocupa la calidad de vida de los vecinos en la agenda política local.
Porque cuando una comunidad pierde colectivos, también pierde oportunidades. Y cuando el Estado no logra evitarlo, la discusión deja de ser técnica para convertirse, inevitablemente, en política.


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